
Por lo general, aproximarse a la Historia a través de las
producciones de Hollywood es un error. Lincoln es una excepción.
No es una película fácil, ni ágil, ni repleta de acción, no
es en definitiva una película “pochoclera”, es sí un gran film que requiere cierta
predisposición para ser debidamente apreciada.
La trama se centra en los enjuagues políticos que
precedieron a la aprobación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución de
los Estados Unidos, nada menos que la abolición de la esclavitud. El marco está
dado por los meses finales de la atroz guerra fratricida entre unionistas y
confederados que dejó más de 600.000 muertos y las tribulaciones de un hombre
justo obligado a tomar decisiones pragmáticas, arrastrando en todo momento una
dramática carga familiar.
El ambiente suele ser teatral, el subtitulado pierde a veces
matices imposibles de traducir, pero si le gusta la Historia es imperdible.
El libro deja abiertos algunos interrogantes, en la búsqueda
del bien mayor ¿hasta dónde llegan los métodos utilizables?.
La verdad es que no vamos a escandalizarnos por el uso
político del cohecho (delito para el cual, y no en vano, conocemos montones de
sinónimos y eufemismos, soborno, coima,
cometa, gañota, bocado, diego, peaje, retorno; desde que el mundo es mundo se
unta, se aceita, se ablanda, se adorna, se prevarica, se engrasa, se toca,
etc., etc.), pero no deja de ser curioso ver a los delegados del gobierno
ofrecer puestos, candidaturas y efectivo o amenazar y extorsionar cuando se lo
requiere. (extraordinaria actuación de James Spader en el papel de uno de los
“negociadores”)
Si se conoce un poco de historia hay más para apreciar,
cuando Lincoln menciona a Jeff, se refiere a Jefferson Davis presidente de la
Confederación, el digno anciano de uniforme gris cerca del final es el general
Robert E. Lee (jefe del ejército sureño), luego de su rendición.
Los rubros técnicos de la obra son impecables, música de
John Williams, una fotografía majestuosa, vestuarios y escenarios perfectos,
todo bien dirigido por Spielberg que hizo exactamente la película que quería
hacer.
Dejé para el final las actuaciones. Si el mismísimo viejo Abe
pudiera ver a Daniel Day Lewis, pensaría
que es un mejor Lincoln que él mismo. Maravilloso Tommy Lee Jones, que merecía
algún premio.todos,
desde el presidente del congreso hasta el anónimo soldado en el campo de
batalla cumplen a la perfección sus papeles.
Muy bien Sally Field en el difícil papel de la esposa del
presidente (casi una heroína de teatro clásico). Soprendente Joseph
Gordon-Levitt, que lejos de las comedias compone a Robert Lincoln (hijo de
Abraham). De Spader ya hable, peroLincoln es una gran película, pero no es para cualquiera ni
cualquier momento.


