Recientemente me topé con un viejo y excelente trabajo de Zafarrancho
Podcast dedicado a la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Resultó tan interesante que me llevo a buscar más información sobre el tema.
Algo que al final me llamó la atención, es la repetición de patrones de
conducta, sociales, económicos, ideológicos, políticos a través del tiempo. No
voy a tratar de comparar al más despótico régimen criminal de la Historia con
nuestra modesta, periférica y circunstancial emergencia. Pero no puedo dejar de
preguntarme cuál hubiera sido la posición de nuestros políticos y de la
población en la Francia de 1940; imagino que varios hubieran peleado por llevar
la bandera de Pierre Laval, el más servil de los colaboracionistas.
Una de las causas de la WW2, fue el Tratado de Versalles que puso fin a la
Primera Guerra Mundial. La presión, debería decir exacción, económica a que las
potencias vencedoras sometieron a Alemania, terminó impulsando la elevación al
poder del Partido Nacionalsocialista. La deuda impuesta en concepto de “indemnizaciones”
por los daños causados (sobre todo a Francia) representaba casi el 85% del PBI
alemán, condenando la población a una miseria que la economía “ortodoxa” no fue
capaz de revertir, ni siquiera de morigerar. La hiperinflación era
indescriptible, si vendías una mesa por la mañana, el dinero obtenido no te
alcanzaba, esa misma tarde para comprar un puñado de clavos para hacer otra
mesa; hay imágenes de gente en la calle, quemando billetes para calentarse,
porque valían menos que la leña: las estampillas se resellaban, enviar una
carta podía costar millones de marcos…![]() |
| NIÑOS JUGANDO CON FAJOS DE BILLETES SIN VALOR POR LA HIPERINFLACIÓN |
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| PUBLICO FEMENINO EN UN ACTO POLITICO NAZI EN BERLIN |
Los nazis y su estrategia nacionalista y heterodoxa surgieron como los
únicos capaces de restablecer el estado de bienestar y lo lograron, de allí buena
parte del irrestricto apoyo político de que gozó el Tercer Reich.
En abril de 1940 Alemania inició su “guerra relámpago” contra Francia, en
junio las tropas nazis desfilaron bajo el Arco de Triunfo al son de la Marcha
de San Lorenzo (sí, nuestra Marcha de San Lorenzo). En el camino habían
arrasado al ejército más grande del mundo, tomando 1,5 millones de prisioneros
que servirían como rehenes en campos de concentración.
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| HITLER Y PÉTAIN |
El 22 de junio, se firmó el “armisticio”; en criollo una rendición
incondicional. Francia quedó dividida. Tres quintas partes (el norte y parte
del centro, incluyendo toda la costa atlántica) en manos del ejército invasor y
el resto bajo la dirección de un régimen títere con capital en Vichy (localidad
apacible y decadentemente distinguida, más cerca de la frontera suiza que de
París).
El armisticio se firmó en el mismo vagón de tren donde Alemania había
aceptado su derrota en 1918, luego del acto, el Fürer mando destruir el
vehículo, reduciéndolo a cenizas.
Las venganzas por el ultraje cometido 22 años antes en Versalles, recién
comenzaban. Se condenó a Francia a abonar los gastos de las fuerzas de
ocupación (por supuesto en la moneda de la potencia expoliadora), simultáneamente se devaluó el franco, fijando
un tipo de cambio arbitrariamente elevado.
La fórmula aplicada, deuda + devaluación, tenía por objeto acentuar el
sometimiento de la población y demostrar quién mandaba, convirtiendo, de hecho,
a los ciudadanos franceses en vasallos del Reich. Ya no solo se trataba de
depredar, sino de eliminar primero el orgullo y luego la identidad nacional,
individual y colectiva. La deuda pasó a significar el 110% del PBI
francés. Todas estas medidas eran perfectamente legales según el “acuerdo”
firmado por el Reich con los desesperados y temerosos funcionarios de Vichy
como parte del armisticio. Enarbolando la manifiesta “legitimidad” de la deuda
contraída y la necesidad de asegurarse el pago correspondiente, ya que toda la
producción del país resultaba insuficiente, los nazis procedieron a “incautar”
preventivamente como parte del embargo consecuente, obras de arte, tesoros
nacionales, muebles de museo, reliquias históricas y cualquier cosa que les
viniera en ganas y pudieran llevarse.
La población, perpleja, aún no salía de su estupor, no solo se sentían
vencidos, tristes, humillados, se sentían traicionados por sus dirigentes y por
sus aliados británicos (que habían hundido la flota francesa para que no se
uniera a la marina germana), así la tristeza dio paso a la abulia y la desidia.
Todos trataban de retomar su vida “normal”, y salvo por los soldados en las
calles del sector ocupado, la fantasía pudo haber funcionado, se resignaron a
la pobreza, al racionamiento y a los controles de “seguridad”.
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| CIUDADANOS FRANCESES ANTE EL DESFILE NAZI EN PARIS |
Entonces, en ese mismo año, comienza a gestarse La Resistencia y, lo que es
más importante, su leyenda.
Creemos saber, más o menos, de qué trataba la cosa, lo hemos visto en
infinidad de series, películas, libros de texto y novelas: románticos “maquis”
lanzados al bosque a luchar (y triunfar) contra los maléficos opresores. Pero
¿cuánto de verdad hay en esta imagen?, veremos…








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